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CONAN DE CIMMERIA VOLUMEN 1 (1932-1933)

PRIMERA PARTE

«Sabe, oh príncipe, que entre los años del hundimiento de Atlantis y las resplandecientes ciudades bajo los océanos, y los de la aparición de los hijos de Aryas, hubo una edad olvidada en la que el mundo estaba cubierto de brillantes reinos como mantos azules bajo las estrellas. (...) Pero el más orgulloso reino del mundo era Aquilonia, que reinaba soberana sobre el soñoliento oeste. Y allí llegó Conan, el cimmerio, el pelo negro, los ojos sombríos, la espada en la mano, un ladrón, un saqueador, un asesino, de gigantescas melancolías y gigantescos pesares, para pisotear con sus sandalias los tronos enjoyados de la Tierra.»

Crónicas Nemedias

A principios del siglo XX, durante la era dorada del pulp, Weird Tales sobresalía entre otras publicaciones del mismo estilo por su vanguardismo y búsqueda de nuevos talentos. La revista afincada en Chicago publicaba a los mejores escritores de la época: Kafka, Verne, Poe, Lovecraft, C.L. Moore, Aston Smith o Seabury Quinn.

Entre sus páginas, en el número de diciembre de 1932,se encontraba un relato titulado El fénix en la espada, debut de Conan de Cimmeria, un nuevo personaje del texano Robert E. Howard, colaborador habitual conocido por sus historias del espadachín Solomon Kane, el caudillo Bran Mak Morn y el rey Kull de Valusia.

Nadie podía imaginar la repercusión que tendría el cimmerio en la fantasía moderna. Este se convertiría en un icono popular, conocido a nivel mundial, aplastando con su fama a su creador. La imagen arquetípica del héroe un bárbaro fuerte y musculoso, empuñando un arma de grandes proporciones, que lucha contra horrendas criaturas mientras protege a una mujer semidesnuda— ha sido fácil de reconocer durante el último medio siglo. No sería atrevido afirmar que la mayoría del público ignora que Conan nació como personaje literario al igual que James Bond, Tarzán, Sherlock Holmes o Drácula.

A diferencia de los personajes anteriormente mencionados, el cimmerio fue presentado al público de forma errónea. L. Sprague de Camp y Lin Carter fueron los responsables del ciclo de doce novelas de Conan (publicadas en España en tres ediciones distintas por Editorial Bruguera, años 70, Planeta, años 80, y Martinez Roca, años 90). La saga fue remodelada (nunca tuvo un orden cronológico) a conveniencia de los editores, intercalando historias de menor calidad (obra de otros escritores), pastiches (cuentos de Howard adaptados al universo hiborio) y colaboraciones póstumas (historias del texano completadas por otros autores). La obra de Howard quedó desvirtuada, tanto en calidad como en el concepto original que el propio autor explicó en una de sus cartas: «Mientras escribía estas historias, siempre me he sentido como si las estuviera poniendo por escrito mientras él me las contaba, no como si yo las estuviera creando. De ahí la abundancia de saltos temporales y de ahí que no sigan un orden concreto. Un aventurero que relatase al azar las aventuras de su vida no seguiría un plan ordenado, sino que narraría episodios de su vida muy separados entre sí, tanto en el tiempo como en el espacio, a medida que se le fueran ocurriendo».

El primer volumen de la serie de Conan (Martinez Roca) cuenta con cuatro historias que no pertenecen (por completo) a la pluma de Howard. Por desgracia, las once novelas restantes pecan del mismo defecto:

CONAN
Serie Conan 1, Fantasy 42
La Edad Hyboria: Parte 1 (Howard)
La Cosa de la Cripta (De Camp/Carter)
La Torre del Elefante (Howard)
El Aposento de los Muertos (De Camp/Howard)
El Dios del Cuenco (Howard)
Villanos en la Casa (Howard)
La Mano de Nergal (Carter/Howard)
La Ciudad de las Calaveras (De Camp/Carter)

El cimmerio fue una creación demasiado personal del autor, en él desarrolló todo su talento literario; puede que por ello ninguno de los escritores que intentaron imitarlo (Poul Anderson, Lin Carter, L. Sprague de Camp, Robert Jordan, Karl Edward Wagner y un interminable etc.) pudieron hacerle sombra. Durante décadas, el lector no tuvo modo alguno de separar el trigo de la paja. Afortunadamente, en esta lujosa edición publicada por Timun Mas se encuentran los relatos genuinos, en el orden que fueron escritos, sin fraudes ni manipulaciones ajenas.

En aquella época la única forma en la que los autores principiantes podían ganarse la vida era a través de revistas pulp. Howard narraba impulsado por motivos económicos. Se consideraba un escritor profesional y siempre tuvo en cuenta las necesidades del mercado. Originalmente, El fénix en la espada fue una reescritura de un relato inédito de Kull, ¡Con esta hacha gobierno! Fransworth Wright, editor de Weird Tales, había rechazado la mayoría de los relatos del atlante (Howard cometió el error de enviarlos todos juntos en 1929) y publicó El reino de las sombras y Los espejos de Tuzun Thune (puede que dos de las mejores historias del texano). Howard suprimió la parte romántica de la historia, reemplazándola por elementos sobrenaturales, y eliminó la presentación de los conspiradores que aparecía en el primer capítulo para agilizar la trama. Los cambios funcionaron y el relato fue vendido por 85 dólares. Por desgracia, no obtuvo la portada de aquel mes. Fue un cuento más entre otros que han pasado al olvido absoluto. Parafraseando al maestro: «La barbarie es el estado natural de la humanidad. La civilización, en cambio, es artificial, es un capricho de los tiempos. La barbarie ha de triunfar siempre al final».

Howard fue un autor increíblemente versátil que escribió sobre géneros y temas dispares: poesía, aventuras orientales, cruzadas, históricos, piratas, deportivos, misterio, westerns, detectives y terror (influenciado por su amigo Lovecraft). Todo ello aparece plasmado en las historias de Conan. La creación del personaje absorbió al texano de tal modo que durante meses de frenética actividad literaria fue incapaz de escribir sobre otra cosa. Durante su corta vida (1932-1936) el cimmerio fue rey, ladrón, pirata, mercenario, general, explorador, etc. Vivió toda clase de aventuras en un explosivo ritual de fuego, dinamismo, virilidad, sudor, acero, sombría epicidad y magia. Modelo que, posteriormente, la mayoría de los escritores de espada y brujería tomarían como arquetipo. Howard siempre estuvo demasiado adelantado a su tiempo. Recordemos que fue uno de los fundadores (por no decir padre) de la fantasía heroica.

EL FÉNIX EN LA ESPADA (WEIRD TALES, DICIEMBRE DE 1932)

Conan apoyó la espada contra la pared y levantó el hacha. Estaba de pie, como la imagen del primitivo indomable —las piernas separadas, la cabeza echada hacia adelante, una mano apoyada en la pared, la otra aferrando el hacha, con los enormes músculos en tensión, como cuerdas de hierro, y el rostro congelado en una furiosa mueca—, y los ojos le centelleaban a través de la nube de sangre que estaba velándolos (...)
—¿Quién ha de morir primero? musitó con la boca herida y los labios cubiertos de sangre.

El primer cuento de Conan, ampliamente influenciado por la mitología de Thomas Bulfinch (1796-1867), narra el intento de asesinato de unos conspiradores contra el cimmerio. Conan se nos presenta como un hombre maduro y experimentado, con fuertes principios, que ha vivido una vida plena llena de aventuras. Como soberano de Aquilonia, se encuentra aburrido de sus deberes y extraña los tiempos salvajes de su juventud, antes de que la corona se convirtiera en una carga.

El fénix en la espada es uno de los mejores relatos escritos por Howard. Destila todos sus puntos fuertes: magia, emoción, sangre y violencia. El texano nos presenta una intriga palaciega destinada a aniquilar al cimmerio, un brujo (Thoth-Amon) ávido de venganza, una serie de conspiradores impulsados por la avaricia, el idealismo y el ansia de poder, y apariciones espectrales. La historia alcanza su cénit en las últimas páginas, cuando Conan se enfrenta en inferioridad de condiciones a un grupo de enemigos dispuestos a matarle. El combate en los aposentos del rey es una locura de cuerpos en movimiento, entrechocar de espadas, gritos de agonía, huesos rotos y entrañas esparcidas sobre azulejos de mármol.

El cimmerio, en un alarde de supervivencia, se despoja de la máscara de hombre civilizado y da rienda suelta a sus instintos primitivos. A pesar de la aplastante superioridad numérica, no se rinde en ningún momento. Su único deseo es llevarse por delante al mayor número de rivales posibles antes de morir. El final del cuento queda abierto al misterio de lo sobrenatural.

LA HIJA DEL GIGANTE HELADO ROGUES IN THE HOUSE, DONALD M. GRANT, 1976)

El contacto de su hermoso cuerpo que se retorcía entre sus brazos le llevó al borde de la locura. Los fuertes dedos de Conan se hundieron con frenesí en la suave y blanda carne..., una carne fría como el hielo. Era como si estuviera abrazando un cuerpo de hielo en lugar del cuerpo de una mujer de carne y hueso. Ella echó a un lado su dorada cabellera, tratando de esquivar los violentos besos del bárbaro, que lastimaban sus labios rojos y carnosos.
—Eres fría como la nieve —dijo él como atontado—. Yo te calentaré con el fuego de mi sangre...


Aunque parezca increíble, La hija del gigante helado fue rechazado por Fransworth Wright. Lejos de desanimarse, Howard cambió el nombre del protagonista (Amra) y lo vendió con el título de Dioses del norte a Fantasy Fan. A pesar de ser una de las más bellas y poéticas historias del personaje, no agradó al dueño de Weird Tales, probablemente por su contenido sexual. El relato (también inspirado en Bulfinch) nos presenta a un joven cimmerio en mitad de un campo de batalla, rodeado de cadáveres y con la espada manchada de sangre. La aparición de una hermosa joven vestida con un velo transparente enloquece de lujuria a Conan que, a pesar del agotamiento y las heridas, no duda en seguirla a través del páramo con la intención de violarla.

Volvemos a encontrarnos con un personaje vehemente e indómito que obra inducido por su lado salvaje. La persecución entre la nieve es uno de los mejores momentos de la saga, con un cimmerio lanzando espumarajos de rabia y maldiciones mientras se aproxima al objeto de su deseo. La muchacha, provocativa, no cesa de burlarse de él mientras lo conduce a un destino incierto. Finalmente, su vitalidad y la destreza en el combate harán que Conan logre triunfar donde otros fracasarían. La hija del gigante helado (con toda justicia) merece estar entre los mejores cuentos del texano. Poco valorado en su momento, gracias a la estupenda adaptación al cómic dibujada por Barry Windsor-Smith y guionizada por Roy Thomas ha pasado a considerarse un clásico.

Howard había descubierto que la nueva saga tenía un potencial sin límites. A lo largo de los siguientes meses su trabajo cristalizaría en La Edad Hiboria, el mundo fantástico inspirado en las civilizaciones antiguas que lo llevaría a la fama.

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© Círculo de Lhork, 20012.