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EL MUNDO DE LHORK

Eugenio Fraile La Ossa

Los pueblos de Lhork

Hacia el Norte, tras la gran cordillera natural que formaban las Montañas de Hielo, y limitados por el Mar de las Nieblas, vivían tribus de hombres de cabellos oscuros y vigorosa constitución. El habitar durante siglos en territorios nevados, había hecho en ellos una raza fuerte y guerrera. Su nombre era el de Hordim, bárbaros luchadores y cazadores, de indómita condición y austera vida. Solían guerrear entre ellos por viejos feudos de sangre, pero ante un enemigo común, o cuando su libertad e independencia se veían amenazadas, se unían, formando una feroz e irresistible confederación.

Al Oeste de las Montañas de Hielo, limitada al sur por el río Asoda y el gran lago Daru, se encontraba la tierra de los Grandes Bosques. Sus sombrías espesuras eran recorridas por los Makta, bandas de hombres salvajes, sin apenas habla humana, seculares enemigos de los Hordim.

 Los pueblos Assury, con su capital Myr a la cabeza, situada en los márgenes del río Asoda, impedían que los Makta asaltaran las granjas y aldeas de las Llanuras Libres, que se extendían jalonando las rutas comerciales de las ciudades estado. Estas, independientes entre si y gobernadas por príncipes, ya que el cetro del gran rey Trados desapareció, según contaban las leyendas, impidiendo así que nadie pudiese llamarse rey, mantenían fructíferos intercambios comerciales, aunque eran muy celosas de su independencia. Los habitantes de las ciudades aseguraban descender de las Primeras Razas, ya que aún conservaban algo del Saber de los Dioses.

Al Este, donde las Montañas de Hielo se confundían con el nacimiento de los Montes Gali, vivían los clanes de salvajes montañeses, que habían adoptado su nombre de dichos montes, aunque bien hubiera podido ser lo contrario. Sólo las Baronías Fronterizas, gobernadas por nobles de rango menor, llamados Keltais, y dependientes de la ciudad de Kolbe política, militar y comercialmente, impedían las incursiones de los Gali más allá del río Bari.

Los Gali hacían incursiones en las rutas de las Llanuras Libres, llegando hasta el río Bari y enfrentándose con los puestos fronterizos. Asaltaban las caravanas de comerciantes y, con el botín obtenido, se replegaban a sus montañas, siendo casi imposible hallarles en ellas. Eran gente fiera y grandes arqueros, amantes de la libertad.

Al sur del gran lago Daru y al oeste de Darana y Aromaz, se abría el fértil  valle de Bhalink, que daba nombre a la ciudad que allí se encontraba. La ciudad de Bhalink, aunque comerciaba con el resto de las ciudades estado de la Tierra de Lhork , mantenía su propia guerra contra las incursiones provenientes desde Xora, ya que nunca  quiso entrar en La Alianza de los Príncipes, nombre que recibía el Tratado suscrito por todas las ciudades estado de Lhork en el cual se comprometían a mantenerse unidas y apoyarse mutuamente en la guerra contra el Señor Oscuro, al margen de rivalidades políticas , militares y comerciales. Los habitantes de Bhalink eran de raza oriental y se decía de ellos que deseaban mantenerse al margen de los demás pueblos de Lhork.

En el Sureste, las costas del Mar de Zural se alzaban para delimitar la Tierra de Lhork. Por sus profundas aguas navegaban los navíos de las ciudades de Galama y Danagra que hacían frente a los bajeles piratas de la Isla de Larsu, refugio de todo tipo de aventureros, desertores, criminales, ladrones y escoria humana en general, conocidos como “Numahores Larsurianos”. También mantenían un constante enfrentamiento con las negras naves de la ciudad de Zarkamand, aliada del Señor Oscuro.

Hacia el noreste, se halla un conjunto de islas conocido como Islas de las Brumas, rodeadas la mayor parte del tiempo por nieblas, que se creen deshabitadas. Los navíos suelen evitar sus aguas por la gran cantidad de bloques de hielo flotantes que provienen desde el Mar de las Nieblas en el norte lejano.

Más al Este, flotando sobre el Mar de Zural, Marjala, la Isla Desierta, señalaba el límite de las exploraciones de los hombres de aquel tiempo hacia el Sureste. Sobre su origen corrían extrañas leyendas y cierta aureola de misterio qué hacían infrecuentes las visitas a la misma. Bajando por la costa del continente, muy al sur, se halla un archipiélago de ocho islas conocidas como las Islas Ferenias, siendo el último punto geográfico conocido y habitado por un pueblo civilizado, los Ferenios, aunque poco relacionado con el resto de los pueblos del continente lhorkio. Según reflejó el fallecido viajero, filósofo y erudito Ariovan, de la ciudad de Qundaar, en su libro “Recuerdos y Leyendas de los Pueblos de Lhork”, cuyo ejemplar se halla en La Gran Biblioteca del Conocimiento de Qundaar, los ferenios llegaron a Lhork desde otro mundo al final de la era de los Tiempos Brumosos, tras la derrota del Rex Imperator Trados, esperando encontrar un mundo en paz y armonía, agotados también de las guerras que asolaban sus tierras. Fundaron Danethur, La Ciudad Escarlata, la gran urbe y capital del archipiélago. Pero debido a las grandes fuerzas nigrománticas y místicas que se desataron entre la terrible lucha que sostuvieron Los Señores del Resplandor y los Entes del Vacío, los ferenios, pertenecientes a una raza híbrida surgida de grandes guerreros humanos y hechiceras de magia blanca, quedaron atrapados en el Mundo de Lhork debido a negros conjuros de Aryhusek. Esto hizo que los ferenios se mantuvieran alejados voluntariamente del resto de los pueblos de Lhork.

Al oeste, el Gran Océano Occidental baña las costas del continente, permaneciendo inexplorado y desconocido para la navegación de los pueblos marineros de Lhork.  Al sur de las Llanuras Libres, limitada por los cursos bajos de los ríos Oyaga y Gora y los Montes de Dar-Sgoth  nacía una exuberante vegetación que formaba las selvas vírgenes del Territorio Dimbali, donde vivían diversas y belicosas tribus negras, cuyos asentamientos llegaban hasta el mar.

Entre el Sur de las Llanuras Libres, al Oeste del Territorio Dimbali y los Montes de Godan y sus estribaciones meridionales, se extendían las Estepas Deshabitadas, en cuyo final, franqueando los Montes  Godan y siguiendo la sombría Ruta de las Calaveras Aullantes, se levantaba Xora, sombreada bajo los Montes de la Noche,  que acotaba por el Oeste a todos los pueblos de Lhork, y que se suponía poblada por los Wulfrer, demonios al servicio de Aryhusek, el Príncipe Oscuro, Señor de la siniestra ciudad.

Más aún hacia el profundo sur y tras franquear la gran Cordillera de las Espinas del Linkur, cruza rugiente el Gran Río de Lava que tiene su nacimiento en los volcanes que jalonan las Espinas del Linkur. Tras aquel infierno de azufre y roca derretida se eleva majestuosa la Cumbre del Resplandor, el pico más alto del continente, que alberga en sus perennes nieves la ciudad de Tradosia, residencia de los Guardianes de Trados. Y más allá, Volgorgor, la desconocida Tierra de la Desolación, lugar de misterios y supersticiones de todo tipo.

Así era aquella tierra surgida en lejanos tiempos de la lobreguez cósmica e iluminada por un cálido sol diurno y dos lunas nocturnas, Garex la Mayor y Sepic, la Menor.

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© Círculo de Lhork, 20012.