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EL MUNDO DE LHORK

Eugenio Fraile La Ossa

Aryhusek, el Señor Oscuro

Sobre su origen corren diversos rumores y especulaciones entre los pueblos de Lhork, aunque el que más fuerza tiene, a tenor de lo que dicen los sacerdotes y hombres eruditos de las ciudades estado de Lhork, es aquel que habla de Aryhusek como un príncipe celestial, que por orgullo desmedido y ansia voraz de poder fue desterrado a otro plano por un poderoso dios, el mismo dios contra el cual iba dirigida la rebelión que él encabezaba.

Sería en ese plano donde trabaría conocimiento con las formas sin formas de los Entes del Vacío, a los cuales no les fue difícil ganarle para su causa. De hecho, Aryhusek ya era un esclavo de ellos aún sin saberlo. Sus poderes, de por sí ya terribles, fueron aumentados en grado sumo y como pago de ello, le fue ordenado devastar el planeta y el continente de Lhork, reducto de los Dioses del Resplandor.

Aryhusek estuvo encantado de hacer uso de su terrible poder a pesar de renunciar a un señor justo por otros que solo le utilizaban como heraldo de locura y maldad.

Nadie conoce su rostro o forma física, si es que la tiene, pero su nombre es pronunciado con horror y pavor en todo Lhork y de todos es sabido que es inmortal y que no podrá ser destruido a menos que se use un arma y objeto consagrado a las leyes del Orden y la Cordura.

Nadie, ni guerrero o sacerdote, ha logrado hallar el cetro del rey Trados, el único rey que conocieron los pueblos de Lhork con el sobrenombre del Unificador, en los tiempos de las Primeras Razas, y que serviría de arma ideal.

Su “sacta sactorum” se halla en la mil veces maldecida y evitada ciudad de Xora, y es desde allí donde, a decir de los pueblos de Lhork, sostiene una lucha particular contra los enviados del Resplandor y, al parecer... contra sus malvados señores por el Poder Absoluto, aunque esta última aseveración nadie ha podido testimoniarla.

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© Círculo de Lhork, 20012.