Ya está disponible:

 

Contador de visitas

 

POEMAS

Eugenio Fraile

LA VIEJA RAZA

“Vieja Raza del Brezo,
te alzaste de los abismos del tiempo
en los albores de un rojo amanecer,
parida por tierras que ahora cubren
olas espumosas
ascendiendo imparable entre las mareas
de una naciente humanidad.

Surgiendo del interior de las brumas,
tu pueblo aplastó por el talón
a los gusanos que infectaban
las susurrantes colinas de Pictdom
y los confinó en negros agujeros.

El brezal cantó entonces la ancestral canción
de los hijos del pedernal,
hombres de alma salvaje y ardiente mirada,
de profundos afectos y terribles odios,
que fueron uno con su tierra.

Pagaste un rojo tributo al tiempo
y jóvenes razas, alimentadas
con los fuegos de la guerra,
barrieron con un baño escarlata
de acero y sangre
las viejas colinas,
empujando a tu pueblo
hacia un llameante crepúsculo.

¡Ah, Negros Dioses de la tierra!

¡Ya no cantará el brezal
la ancestral canción
de un pueblo libre!”

 

EL BREZO EN LA COLINA

“Dejadme descansar
aquí, donde yazgo
bajo el susurrante manto del brezo
al pie de la colina
donde muere el fragor de la batalla.

No empuñará más mi brazo la espada
ni rechinarán mis dientes con furia
cuando, como una oscura manada
de aullantes lobos empujados por el silbante viento,
marchen gozosos a la lucha mis hermanos de clan.

Dejadme recordar los tiempos de juventud,
de épicas gestas y sombrías matanzas,
donde el crepitar voraz de las llamas,
el lamento de los moribundos
y el entrechocar del acero doliente
hacían henchirse mi pecho con júbilo salvaje.

En el polvo quedaron
los rotos estandartes
empapados en la roja sangre
de quienes los sostuvieron con orgullo.

Pasaron los relatos heroicos
consumiéndose en los labios de los bardos
como la hierba seca del verano.

Contento muero, pues, ahora,
todo queda en calma
y anhelo acabar mi senda.

Los sueños han llegado a su fin
y cierro tranquilo los ojos
abrazado por el murmullo
del brezo en la colina.”

 

IN MEMORIAN

“Recuerdo los antiguos y duros tiempos
cuando solíamos cabalgar, compañeros,
por valles, bosques y montañas
con el acero en la vaina
y una mirada audaz en el rostro.

Añoro las noches pasadas
bajo las estrellas
y a mi mente vienen, con dolorosa nostalgia,
las alegres borracheras
y las ruidosas trifulcas
mantenidas en malolientes tabernas
por el derecho de besar
a una hermosa mujer
de oscuros cabellos, cimbreante cintura
y mirar provocador.

¡Ah, viejos truhanes, de rostros curtidos
en cien batallas
y cicatrices en el alma!

No levantaremos más nuestras copas
llenas a rebosar del oscuro y dulce vino de la conquista
para celebrar nuestras correrías.

No escalaremos las pétreas murallas de ciudades malditas
para saquear los tesoros de tumbas y palacios,
mientras el viento gruñía ominoso a nuestras espaldas
susurrándonos oscuras y olvidadas leyendas
que hablaban de dioses, reyes y héroes muertos.

Ahora sólo nos resta cerrar los cansados ojos
con el recuerdo del sangriento campo de batalla
marcado en los rostros
y tras romper la espada
exhalar un último suspiro murmurando:

- Esperadme en río Elfo, compañeros.”
Eugenio Fraile

En emocionado recuerdo de Juan Carlos García Herránz, allá en Valhalla, gran amigo y excelso poeta del fantástico.

<< Atrás

 

© Círculo de Lhork, 20012.